¿Has dicho estrés?

 

 

 

“Último minuto, te pitan un penalti por un error tuyo. O lo paras, o tu equipo baja a Segunda... y todo mientras sospechas que tu mujer se acuesta con el masajista”. “Siempre hay otro que está peor”. Un pensamiento positivo antes de empezar a hablar del estrés y ya empiezas a sentirte mejor. 

Trucos, consejos y entrenamientos para parar el penalti del estrés.

Por Yolanda Vázquez, Domingo Sánchez y Sara Álvarez. Sportlife

LO PRIMERO ES CONOCERLO

Saber en qué consiste el estrés y por qué aparece es nuestro primer consejo. El estrés por sí mismo no es malo, no se trata de una enfermedad, sino de un mecanismo de defensa. Al enfrentarnos a situaciones amenazadoras, reales o ficticias, nuestras glándulas adrenales comienzan a liberar al torrente sanguíneo “hormonas del estrés”, como la adrenalina y el cortisol, que preparan nuestro cuerpo para la acción: el corazón late más deprisa, la presión sanguínea se dispara, la glucosa fluye por el torrente sanguíneo, los sentidos se agudizan y la respiración se acelera. Los grandes músculos se tensan y se detienen funciones cotidianas como la digestión, para darle prioridad a la lucha/huida que nos permita protegernos de esa amenaza.

Es un mecanismo ancestral positivo porque permitía a nuestros antepasados escapar de los depredadores, luchar por la comida o proteger a sus hijos.Y continúa siendo perfecto aun hoy cuando nos enfrentamos a amenazas inmediatas. Por ejemplo, cuando una persona se salva porque salta justo antes de que un coche le atropelle o, sin llegar a ese extremo, un portero detiene un penalti. En ambos casos le ha invadido una energía inusitada, su percepción es más clara, su fuerza mayor y su agresividad se ha multiplicado. En estos casos, una vez que se resuelve la situación, esos mecanismos se desactivan y todo vuelve a la normalidad.

El problema aparece cuando surgen “amenazas” que no se pueden combatir de un modo tan inmediato. Cuando nos estresa el exceso de trabajo, el pago de la hipoteca, un problema familiar… A veces resulta mucho más difícil desactivar las respuestas al estrés y éstas duran semanas, meses o incluso años, consolidando un funcionamiento “anormal” (en estado de permanente alerta) de nuestra mente y nuestro cuerpo. Este tipo de estrés prolongado es el que está estrechamente vinculado a enfermedades cardiovasculares, hipertensión, depresión y trastornos crónicos como el insomnio. Quizá no podemos evitar los atascos, pero sí que podemos hacer mucho por vivir nuestra vida de un modo sano, más alegre y relajado, realizando actividades que nos ayuden a alejar las preocupaciones e incluyendo dosis de acción que mantengan alerta nuestros mecanismos para cuando podamos necesitarlos. 

 

 

 

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